12 sept. 2014

Revisando a un oficial inglés en Waterloo (1815)



El año que viene se conmemora el bicentenario de la batalla de Waterloo. El 18 de junio de 1815 se batieron dos impresionantes contingentes de tropas napoleónicas y aliadas (un total aproximado de 300.000 hombres) en ese espacio de apenas unos cuatro quilómetros cuadrados que se encuentra en el camino hacia Bruselas. En los días anteriores, los ejercitos francés y prusiano ya se habían enfrentado en las poblaciones cercanas al escenario final de Ligny y Quatre Bras y mientras el combate se iniciaba en Waterloo, aún se luchaba en Wavre. Durante la noche anterior al decisivo choque final había estado lloviendo, de manera que los campos estaban en el mejor de los casos muy húmedos y totalmente embarrados en el peor. No era el mejor de los lugares en el que Napoleón hubiera deseado combatir. Sin duda, esa circunstancia influyó en el número de bajas finales que hubiera podido infligir la artillería del emperador, ya que las balas de cañón no rebotaban como lo hubieran hecho en un terreno seco al quedar frenadas por el lodo luego de impactar en tierra. Además, Wellington había tenido la precaución de ubicar sus tropas a cubierto de la loma de Mont St. Jean, lo que habría impedido un castigo mayor por las andanadas de los cañones franceses.

Recuerdo que cuando allá por el 2006 pinté esta figura de un oficial inglés que había participado en la batalla, -muy falto de algún conocimiento técnico básico de pintura, como se puede apreciar- quise recrear un soldado que había tenido que luchar en esa coyuntura, que había usado su sable en algún cuerpo a cuerpo, que había recibido salpicaduras de la sangre de sus soldados a los que quizás había tenido que sostener malheridos en algún momento de la refriega. La batalla ha acabado y el oficial mira a la lejanía exhausto, con todo el uniforme y su sable repleto de manchas y marcas producto de los combates. La sangre empieza a secarse también en el filo de su sable. Aunque en el chacó aparece modelado el número 52, podía haber sido un oficial del 27 Rgto Inniskilling, que formaba parte de la brigada de Kempt y que avanzó sobre los franceses reteniendo la carga de Donzelot y superando la granja de Hougomont durante el combate. El fragmento de muro rojizo y los escombros podían ser parte de un rincón de ese escenario mítico al que el británico ha regresado en algún momento.


 
 

He visto esta figura de una escala de 54mm del catálogo de Andrea pintada por varios reconocidos maestros, lo cual habla muy bien de ella. Efectivamente, es muy atractiva, colorista y elegante y capta la atención de cualquiera para querer convertirla en ejercicio de pintura y pieza de colección.

Siento rubor al mostrarla aquí porque soy consciente hoy de que está repleta de fallos, pero fue un paso más en el camino de mi afición y, como a todas las que uno pinta, a esta también le tengo mucho cariño. Si podéis haceros con ella o la tenéis aún guardada, recuperadla cuanto antes y embellecedla con vuestros pinceles. Yo volvería a pintarla, sin duda. Quizás, más adelante... ;)

¡Un saludo!

KPG