8 abr. 2014

Limpieza de pinceles tras sesión de pintura

Vamos a mostrar cómo podemos fabricarnos un sencillo limpiador de pinceles, utilísimo cuando demos por finalizada una sesión de pintura, y pensado con el doble objetivo de eliminar restos de pintura de las cerdas o filamentos del mismo pero también para evitar que queden adheridos a la virola metálica residuos que pueden acabar por estropear la herramienta antes de lo esperado.
 
Necesitamos un recipiente pequeño, no muy alto ni voluminoso, y una esponja como, por ejemplo, las que vienen en las cajas de miniaturas para proteger las piezas de los golpes durante los transportes. 
 

 
Recortamos la esponja a la medida de la caja.
 




La mojamos con agua y luego le echamos una pequeña cantidad de jabón de lavar vajillas. Procuramos luego que no exista un excedente de jabón o de líquido que impida utilizarla como limpiador y la depositamos de nuevo en la cajita.




Ya está lista. Ahora, cuando acabemos una sesión de pintado y hayamos quitado con agua el último excedente de pintura tras mojarlo en el vaso que empleamos habitualmente para ello y haberlo limpiado con un trapo, ya podemos pasear el pincel con suavidad y alguna leve presión sobre la esponja.

Veremos que el jabón y el "masaje" más o menos repetido durante unas cuantas pasadas hacen su función y eliminan esas últimas partículas más tercas que pueden haberse quedado pegadas en los pelillos pero también las que puedan haberse depositado en la parte de las cerdas que queda junto a la virola.


Después, no tenemos más que darle un último lavado en agua limpia y secarlo o expulsar con golpes secos al aire las últimas gotas y dejar que la punta del pincel recupere su mejor figura para la próxima sesión.

¡Un saludo!

KPG